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«Queríamos ser famosos, sí o sí, pero luego la fama es un poco diferente de lo que creías»

George Clooney y Adam Sandler

Por primera vez juntos

«Queríamos ser famosos, sí o sí, pero luego la fama es un poco diferente de lo que creías»

Son dos de los actores más populares, pero hasta ahora nunca habían trabajado juntos. Estos dos auténticos reyes Midas de Hollywood —siete mil millones de dólares han recaudado las películas de ambos— se unen por primera vez en 'Jay Kelly', una película sobre la propia industria del cine. Aprovechando la ocasión, Clooney y Sandler (alérgico este último a las entrevistas) se reúnen en esta distendida conversación para hablar acerca del éxito, la paternidad, la política de su país, los ovnis y de sus más jugosos recuerdos.

Viernes, 09 de Enero 2026, 10:05h

Tiempo de lectura: 8 min

George Clooney y Adam Sandler son titanes de Hollywood que saltaron desde la televisión a la fama universal en los años noventa. Clooney comenzó como Doug Ross en Urgencias, el médico más atractivo de la parrilla. Sandler, por su parte, se dio a conocer en el programa Saturday night live antes de dejar huella con comedias tan absurdas como taquilleras.

Nos reunimos con ellos para hablar de Jay Kelly (disponible en Netflix), su nueva película juntos. En ella Clooney es Kelly, una superestrella en crisis; Sandler, su fiel representante, Ron, y ambos viajan por Europa a un festival en honor de Kelly. Se trata de una comedia conmovedora sobre el ego y la fama que termina con un vídeo de la carrera de Kelly, el personaje protagonista del filme, que se han permitido ilustrar con imágenes de películas reales de Clooney como Un romance peligroso, Up in the air o Michael Clayton. «No sabía que estaban usando mis películas –revela Clooney–. Utilizaron un par de las más populares, pero la mayoría son fracasos o cintas que rodé cuando era muy joven».

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Dos galanes muy distintos. No podrían ser más diferentes en su forma de vestir, pero en algo coinciden: la moda no les quita el sueño. El estilo de Clooney es atemporal, con trajes a medida y camisas en colores neutros; es el último dandy de Hollywood, un heredero de Cary Grant. Todo lo contrario al estilo delibe-radamente descuidado de su amigo Sandler. Camisetas, shorts, zapatillas deportivas... Así va a alfombras rojas o eventos de lujo. «Me visto para estar cómodo, no para gustar», explica.

«Yo empecé en la tele –recuerda Clooney–. Me ganaba bien la vida, pero, como el resto de los actores, era de los que decían: 'Bueno, soy actor de cine, solo que estoy haciendo tele'». La primera oportunidad llegó con un casting que acabaría siendo historia del cine... pero no para él. «Llegué a la prueba final para un papel en Thelma y Louise», continúa, refiriéndose al clásico de Ridley Scott de 1991. «Y ¡el papel se lo quedó Brad!». Brad es, por supuesto, Brad Pitt, amigo íntimo de Clooney.

«La mayoría de la gente, de derechas y de izquierdas, quiere lo mismo: un trabajo digno y sanidad. Un candidato contra Trump debe ser capaz de articular lo que nos une, porque la división no nos lleva a ninguna parte»

George Clooney

«No vi Thelma y Louise durante años de lo que me molestaba», continúa Clooney. «El papel catapultó la carrera cinematográfica de Brad... cuando pudo haber catapultado la mía. ¡Joder!», se ríe. Supongo que Pitt lo sabe, ¿no?, le pregunto: «Sí, sí, y me da mucha rabia. Pero, claro, cuando lo vi, pensé: tenía que ser él». La gran escena de Pitt a la que se refiere es cuando enseña los pectorales en una habitación de hotel. Sandler se ríe. «Lo vi en el cine y, cuando Brad se quitó la camisa, la gente se volvió loca». Mueve la cabeza y dice con socarronería: «Pero, sí, sí, deberías haber sido tú, Clooney».

Los ovnis fotofóbicos

Clooney tiene 64 años, está casado con la abogada británica de derechos humanos Amal Clooney y tienen dos gemelos, Ella y Alexander, de 8 años. Sandler, de 59, está casado con la actriz Jackie Sandler y tiene dos hijas adolescentes, Sadie y Sunny. Los actores se ríen de la época en la que ellos crecieron, cuando apenas se tomaban fotos a los niños porque el carrete era limitado. «¡Solo nos quedan cuatro instantáneas!», bromea Sandler. «¿Ahora? –dice Clooney–. Tengo miles de millones de fotos de mis hijos».

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Dos caminos hacia el éxito. Representan dos vías opuestas de lograr el éxito. El camino de Clooney fue lento. Le costó horrores alcanzar estatus como actor, ya que fue encadenando papeles irrele-vantes en series y películas de medio pelo hasta que, a los 33, triunfó con Urgencias. Sandler, por su parte, es un cómico hecho a sí mismo que comenzó a hacer stand-up comedy en bares y clubes con 17 años; con 23 ya era guionista del mítico Saturday night live; un año después comienza a actuar ante la cámara; y antes de cumplir los 30 estrena la primera película con el estilo de humor —absurdo y deliberadamente infantil sobre niños grandes que no encajan en un mundo adulto—, que lo convirtió en megacelebridad.

Sandler, comediante de stand-up, empieza a improvisar. «¿Te has dado cuenta de que antes había avistamientos de ovnis y alguien sacaba una foto? Pero ahora que todo el mundo tiene cámara ya no hay avistamientos de ovnis. Quizá los extraterrestres digan: 'No bajes ahí, tío, todos tienen cámaras'».

Clooney nació en Kentucky; Sandler, en Nueva York, y ambos estudiaron interpretación. Clooney recuerda a muchísimos actores que no triunfaron. «Los mejores de nuestra generación no fueron los que tuvieron más éxito –afirma–. No hay correlación entre talento y éxito».

«Ni una sola parte de mí, ni una sola, se despierta y dice: 'Ojalá esto no me hubiera pasado'. Pero, además de la fama, tienes una vida real con altibajos, como todo el mundo»

Adam Sandler

¿Y entre fama y talento?, les pregunto. «¿Por qué me miras a mí?», señala Sandler. Cambio entonces la pregunta a: cuando empezaban, ¿solo querían actuar o querían ser famosos? «De niño quería ser famoso al cien por cien –confiesa Sandler–. Cuando empecé a hacer monólogos con 17 años, quería lo que tenía Eddie Murphy: caminar por la calle y que la gente dijera: '¡Dios mío!'. Eso haría que mis amigos y mis padres supieran que lo había logrado. Ese era mi primer objetivo. Quería fama, pero un par de años después eso pasó y empecé a pensar: 'También quiero ser bueno'».

«Es también una cuestión de dinero –incide Clooney–. Al principio hacíamos un trabajo que podríamos hacer gratis en pequeñas obras o noches de micrófono abierto. De repente llegas a esa edad en la que o tienes éxito o te buscas otro trabajo, un ingreso estable. Estás buscando seguridad».

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Por sus parejas los conocerás. Jackie Sandler, exmodelo y actriz, se casó con Adam en 2003 y tienen dos hijas. Se conocieron en el rodaje de Un papá genial, en 1999, donde ella logró un pequeño papel y ya era —confiesa— fan de él. Desde entonces ha aparecido en casi todas sus películas. Por ella, Sandler hasta se pone esmoquin. Amal Clooney es abogada de derechos humanos. George y ella se conocieron en 2013 en una cita organizada por el representante del actor. «Va a ir un amigo a verte; va acompañado de la mujer con la que te vas a casar», le dijo. Y sí, se casaron un año después y en 2017 tuvieron gemelos.

¿Y el trabajo que te hace famoso también suele ser el mejor pagado?, pregunto. «Sí –responde Clooney–. Pero luego llega un momento en que piensas: 'Ay, esto de la fama es un poco diferente de lo que creía'. Te quita muchas cosas». ¿Como cuáles? «Independencia. Pero nunca nos oirás quejarnos. Cuando trabajaba cortando tabaco en Kentucky, odiaba oír a la gente famosa quejarse de sus problemas. Pero eso no significa que no haya desafíos por el camino».

«Intentar crear un ambiente alegre cuando te sientes mal no es fácil –explica Sandler–. Pero lo logras». Clooney cuenta que solía jugar en una liga de baloncesto en Los Ángeles con un grupo de comediantes. «No hay gente más furiosa que un grupo de comediantes en una cancha de baloncesto –dice–. Había odio todo el día. Pensaba: '¡Tío, creía que todos erais graciosos!'».

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Clooney recuerda sus tiempos en Urgencias sobre todo por las jornadas de 17 horas. «No puedes estar enfermo. No falté ni un día». Menciona a su coprotagonista, Julianna Margulies. Un día recibió una llamada: «Alguien a quien quería mucho había fallecido. Y estaba llorando –relata Clooney–. Pero teníamos que hacer una escena larga y divertida: alguien tenía una flecha clavada en la cabeza. Colgó el teléfono, se secó las lágrimas, clavó la escena y volvió a llorar».

«Mira –subraya Sandler–, ni una sola parte de mí, ni una sola, se despierta y dice: 'Ojalá esto no me hubiera pasado'. Pero tienes una vida real con altibajos, como todo el mundo. La gente lo pasa por alto. Puedes estar en la sala, pero tu cabeza da vueltas por el trabajo. Pero eso pasa con todas las profesiones». «La mayoría de la gente sacrifica tiempo con su familia para ganarse la vida», remata Clooney.

Hacerse una carrera al principio, comentan, no es nada fácil; requiere mucha dedicación y no tienes ningún control sobre tu trabajo. «Cuando conseguí Batman y Robin (en 1997) –relata Clooney–, llamé a mis amigos y nos pusimos a gritar de la emoción porque yo solo había hecho una película de estudio. Claro que entonces no sabíamos que iba a ser terrible. A medida que avanzas en tu carrera, te das cuenta de que serás responsable de las cintas en las que aparezcas. Los actores somos unos bichos raros, porque es nuestra cara la que aparece en la pantalla. Nadie quiere matar al director. Así que Batman y Robin me hizo entender la importancia de prestar atención a los guiones y a los directores. Los siguientes tres filmes que hice fueron Un romance peligroso, con Steven Soderbergh; Tres reyes, con David O. Russell; y Oh, hermano, ¿dónde estás?, con los hermanos Coen».

Sandler, por su parte, tomó las riendas de su carrera con Billy Madison, en 1995, prototipo de sus posteriores comedias taquilleras. «¿Es difícil hacer una comedia ahora?», le pregunta Clooney. «El entusiasmo no es tan alto como hace 15 años –admite Sandler–. Es cuestión de números y las comedias no triunfan tanto como antes. Aun así, hay muchas en producción; son baratas. Pero ya no es lo mismo».

¿Clooney, presidente?

Hablamos también un poco de política. Clooney es un demócrata de pura cepa y, después de mantener una cercana relación con el anterior presidente, Joe Biden, lideró la petición para que renunciara a las presidenciales de 2024 por su deterioro cognitivo y fuera reemplazado por Kamala Harris. Durante la primera presidencia de Donald Trump, Clooney dijo que los demócratas eran demasiado «pasivos», pero también que no «necesariamente» necesitaban a una celebridad como Trump (o como Clooney) para hacerle frente. ¿Sigue pensando eso?

«Sinceramente, faltan tres años para las próximas elecciones y estamos lejos de tener que decidir quién podría presentarse como candidato por el Partido Demócrata. Ya veremos». Y añade: «Mira, estamos en un momento interesante en mi país, pero la mayoría de la gente, tanto de derechas como de izquierdas, quiere lo mismo. Quieren un trabajo digno y sanidad para ellos y sus familias. Así que quien se presente debe ser capaz de articular los puntos en común, porque la división no nos lleva a ninguna parte». 

¿Y esa persona no será Clooney?, insinúo. Pero Clooney esquiva la respuesta. «La verdad es que estoy viviendo una vida muy buena ahora mismo. Disfruto trabajando con mi amigo Adam...». Sandler sonríe con cariño: «Lo estás haciendo bien, chaval».


© The Times Magazine