Polymarket y Shayne Coplan
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Polymarket y Shayne Coplan
Viernes, 09 de Enero 2026, 10:09h
Tiempo de lectura: 12 min
Dice que aspira a ser el próximo Mark Zuckerberg. A juzgar por la carrera que lleva, parece que Shayne Coplan lo va a conseguir; puede incluso que acabe siendo más rico y perturbador que el CEO de Meta. A sus 27 años, Coplan ya posee un patrimonio de mil millones de dólares, es el empresario más rico de la generación Z, y todo ello gracias a un 'sencillo' sistema de apuestas sobre eventos reales con criptomonedas que, según él, aspira a enganchar al juego a mil millones de usuarios: la plataforma Polymarket.
Coplan es neoyorquino, hijo de dos profesores de origen sudafricano, una procedencia geográfica que comparte con Elon Musk y Peter Thiel; este último, además, es uno de los mayores inversores de Polymarket a través de su fondo de capital riesgo, Founders Fund.
Coplan sigue al pie de la letra el manual de Thiel y los libertarios: ya de adolescente, cuando pocos habían oído hablar del mundo cripto, compró criptomoneda Ethereum; luego dejó la universidad para dedicarse al emprendimiento; y en plena pandemia aprovechó la inquietud de la gente que se preguntaba «¿cuándo terminará el confinamiento?» o «¿cuándo estará lista la vacuna?» de la forma más rentable posible: haciendo que apostarán sobre ello en tiempo real. Y, ya puestos, que apostaran sobre cualquier evento. Tenía 22 años.
Por supuesto, Coplan no la vende como una plataforma para fomentar la ludopatía y aprovecharse de la ansiedad de la gente y del auge de las criptomonedas, sino como un pozo de «sabiduría de las multitudes» (¿recuerdan cuando Facebook era una red para hacer amigos?). «En Polymarket ganas dinero si aciertas y pierdes si te equivocas–explica Coplan–. Como resultado se genera información útil para la gente. Es lo más preciso que tenemos en este momento como humanidad, a menos que alguien invente una especie de superbola de cristal».
Traducción: Coplan disfraza las apuestas como predicciones científicas, cuando en realidad es gente apostando dinero real sobre acontecimientos inciertos. El discurso suena noble, pero el negocio es el mismo de toda la vida: la casa siempre gana.
En las últimas elecciones en Estados Unidos se unió a Polymarket un apostador de alto riesgo, lo que se conoce como una ‘ballena’. Residía en Francia y, en octubre de 2024, realizó apuestas importantes a favor de que Trump ganaría las elecciones, cuando parecía pronto para asegurar un resultado. «La gente pensaba que, simplemente, le gustaba Trump. En realidad había encargado un montón de... Leer más
La página principal de Polymarket tiene quince categorías para elegir, incluyendo política, cultura, deportes y finanzas. Dentro de cada una hay unas diez mil preguntas sobre próximos eventos para apostar: «¿Quién ganará la Super Bowl?». «¿Se casará Taylor Swift este año?». «¿Cuándo habrá un alto el fuego en Ucrania?». «¿Se mantendrá el presidente venezolano, Nicolás Maduro, en el poder?».
«Si algo se discute en las noticias, si algo es importante, ya sea geopolítica, macroeconómica o culturalmente, queremos tener un Polymarket para ello –declaró hace poco Coplan en el programa televisivo 60 minutes–. Si te interesa la geopolítica, esto crea un incentivo para, por ejemplo, investigar lo que está pasando en Venezuela y tratar de obtener una ventaja».
Los porcentajes, junto a las preguntas, muestran las probabilidades, determinadas por todas las demás apuestas ya realizadas. A medida que más personas juegan y se publican noticias, las probabilidades cambian.
Una de las preguntas más populares surgió casi un año antes de las elecciones de 2024 en Estados Unidos: «¿Quién ganará las elecciones presidenciales?». El presidente Trump comenzó a distanciarse a principios de octubre. Mientras la mayoría de los encuestadores decía que la contienda estaba demasiado reñida para predecir un ganador, Polymarket acertó en su predicción. Coplan dice que, a diferencia de las encuestas tradicionales que preguntan por quién es más probable que votes, Polymarket responde una pregunta diferente: quién va a ganar. En total se apostaron alrededor de 3600 millones de dólares en esa única pregunta.
Los deportes también son muy populares. Puedes comprar y vender acciones y retirarlas en cualquier momento antes de que finalice un evento. «A diferencia de una casa de apuestas donde vas contra la casa, aquí eres dueño de una acción –argumenta Coplan, cuya compañía disfraza las apuestas como 'activos'–. Casi se podría decir que es similar a una acción, pero no lo es».
Coplan está lleno de 'trucos' como ese de la acción que no lo es. Está en su ADN, porque es de los que prefieren pedir perdón que permiso. De hecho, realizó una apuesta arriesgada al crear Polymarket en 2020. Lo hizo con rapidez, en apenas tres meses, y sin solicitar la aprobación requerida por ley para este tipo de actividad. Algo que sí hizo la que es hoy su principal competidora, Kalshi, otra empresa de apuestas sobre eventos de actualidad.
Un año después de su creación, la Comisión de Comercio de Futuros de Materias Primas (CFTC) –que supervisa el comercio de derivados y futuros– intervino y Polymarket fue multada con 1,4 millones de dólares por operar ilegalmente sin registrarse. Como parte del acuerdo, Coplan aceptó prohibir el acceso a clientes estadounidenses a la plataforma. Una restricción que no parece haberle quitado el sueño ni a él ni a sus inversores; entre ellos, Peter Thiel, el magnate tecnológico que más ha apoyado a Trump desde su primer mandato.
«No fue algo así como: 'Oye, tienes prohibido comerciar en Estados Unidos'. Fue más bien como: 'Hasta que tengas licencia'», justificó Coplan. De hecho, muchos usuarios estadounidenses siguieron operando: solo necesitaban una conexión VPN para ocultar su ubicación. Por eso, Coplan recibió la visita del FBI en sus oficinas. No fue arrestado, pero los agentes confiscaron teléfonos y ordenadores.
Kick es una plataforma de streaming similar a Twitch, de la que quizá hayas oído hablar por sus vídeos de trash streaming (retransmisión de contenido basura): gente que hace auténticas salvajadas o se somete a humillaciones a cambio del dinero que le pagan los usuarios. Algunos incluso han muerto por desafiarse a no dormir o a consumir drogas sin fin. Pues bien, Kick (de... Leer más
Para entonces faltaban apenas semanas para que Trump ganase las elecciones. En julio de 2025, el nuevo Gobierno cerró las investigaciones sobre Polymarket y le concedió una licencia completa. Un mes después, Coplan nombró a Donald Trump Jr. (hijo del presidente) miembro del consejo asesor de Polymarket. Casualidad o no, el fondo 1789 Capital de Trump Jr. invirtió unos diez millones de dólares en la empresa. Coplan, por supuesto, asegura que incluir al hijo del presidente en su consejo asesor no tiene nada que ver con proteger su negocio. Nada en absoluto. «Esta Administración es muy proinnovación, procriptomonedas y pro-Polymarket, lo cual es genial –dijo Coplan–. Necesito ayuda para gestionar esto, ¿verdad? Soy un joven emprendedor».
Pero el apoyo definitivo a Polymarket llegó este octubre: la empresa recibió el espaldarazo de Intercontinental Exchange (ICE), propietaria de la Bolsa de Nueva York, que ha anunciado una inyección de hasta 2000 millones de dólares en la plataforma, lo que ha disparado la valoración de Polymarket hasta los 9000 millones.
Llama mucho la atención el argumento para justificar esta inversión: los datos de Polymarket, que estarán pronto a disposición de los inversores y operadores, les darán una ventaja competitiva. El riesgo es evidente: si grandes apostadores pueden manipular los mercados de Polymarket, y Wall Street usa esos datos para mover miles de millones, quien controle las apuestas podrá influir directamente en la economía. Lo que Coplan vende como «sabiduría de las multitudes» se convierte en un casino disfrazado de oráculo, con la institución financiera más poderosa del mundo apostando su futuro a que funcione.
Polymarket aún no ha obtenido beneficios. Ofrece su producto principal –sus predicciones– de forma gratuita y no cobra comisiones por las operaciones, al menos por ahora. Pero los mercados de predicción han dejado de ser un nicho de Internet y de datanerds para convertirse en la nueva obsesión de Wall Street, que reempaqueta las apuestas tradicionales como instrumentos financieros sofisticados.
La reunión del patriarca de la Bolsa de Nueva York cerrando un acuerdo multimillonario con Coplan selló el destino del sector: las apuestas ya no son un juego, son finanzas. Estamos ante un cambio cultural y regulatorio radical. Al denominar las apuestas como «contratos de eventos», estas plataformas intentan eludir la legislación del juego (que en España controlaría Consumo) para colarse en el sistema financiero tradicional.
En lugar de jugarte 50 euros a que Trump gana, compras una 'acción' de ese resultado que, si aciertas, vale un dólar. Esto permitiría que la persona que antes ganara o perdiese dinero en la ruleta ahora lo gane o lo pierda en una app con gráficos de Bolsa. Como explican organismos que luchan contra la ludopatía, el usuario se siente más inteligente y menos culpable: cree que está operando en algo parecido al IBEX, no en un casino. Eso sí, sus ahorros vuelan igual.