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Los universos paralelos no son lo que crees… y la culpa es de Borges

Grandes malentendidos de la ciencia

Los universos paralelos no son lo que crees… y la culpa es de Borges

Hemos detectado el eco de un universo paralelo. Esta hipótesis, lanzada por un equipo de físicos chino, se ha viralizado con el entusiasmo predecible: «¿En qué universo soy millonario?». Pero hay un problema: ninguna teoría dice que existan versiones alternativas de tu vida. La culpa es de Borges, el genial escritor argentino, que especuló sobre universos paralelos 16 años antes que los físicos.

Viernes, 09 de Enero 2026, 10:16h

Tiempo de lectura: 6 min

En mayo de 2019 los detectores de ondas gravitacionales LIGO y Virgo captaron una señal brevísima, de apenas una décima de segundo. La bautizaron GW190521 y al principio la atribuyeron a la fusión de dos agujeros negros. Pero la señal era rara. Muy rara. Así que un equipo de físicos chinos ha propuesto una explicación alternativa que ha incendiado los medios: la onda no se originó en nuestro universo, sino en otro paralelo. Según su hipótesis, la colisión de agujeros negros en ese cosmos creó un agujero de gusano –un túnel en el espacio-tiempo– y la onda viajó por él hasta nuestros detectores.

La propuesta es puramente especulativa, como tantas en la física moderna. Para mantener el túnel abierto el tiempo suficiente, haría falta materia con energía negativa, algo que nunca hemos observado. Vale. ¿Y eso qué es? (Advertencia: el siguiente párrafo puede dar dolor de cabeza. Puedes saltártelo sin remordimientos).

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Agujero negro. Everett defendió que el universo se divide en múltiples ramas paralelas. La comunidad científica lo ignoró y acabó alcoholizado. Su hija (a la izda, con él) se suicidó años después. Dejó una nota: «Me voy a reunir con papá en un universo paralelo».

La energía negativa no hay que confundirla con antimateria –que tiene energía positiva normal, pero carga eléctrica opuesta– ni con energía oscura –que tampoco sabemos lo que es, aunque sospechamos que acelera la expansión del universo–. Sería literalmente materia con densidad de energía menor que cero. Es el equivalente físico de decir «podrías tener menos dinero que estar en quiebra». Todo lo que existe en el universo, desde tu cuerpo hasta las estrellas, tiene energía positiva y atrae gravitacionalmente. La energía negativa repelería en vez de atraer. El problema es que nadie ha visto nunca nada así y, probablemente, violaría las leyes de la termodinámica.

En cuanto aparece la expresión 'universo paralelo' en un titular, la gente empieza a imaginar versiones alternativas de sí misma

Pero lo fascinante no es si la hipótesis es cierta o no. Lo fascinante es la reacción: en cuanto aparece la expresión 'universo paralelo' en un titular, la gente empieza a imaginar versiones alternativas de sí misma. Y ahí está uno de los mayores malentendidos de la física moderna: cuando los científicos dicen 'universo paralelo', no están hablando de lo que tú crees que están hablando.

El 'invento' que se nos fue de las manos

La confusión empezó en los años cincuenta, cuando los físicos propusieron tres teorías muy distintas que, por mala suerte, acabaron compartiendo la misma etiqueta pop. Hugh Everett III, un estudiante de Princeton, publicó en 1957 una interpretación radical de la mecánica cuántica: cada vez que ocurre un evento cuántico, el universo se bifurca en múltiples versiones. En una, el electrón va por la izquierda; en otra, por la derecha. Everett llamó a esto 'la teoría de los estados relativos', pero el físico Bryce DeWitt la rebautizó como 'interpretación de muchos mundos' en 1970, y el nombre pegó.

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'Interstellar'. Kip Thorne (tercero por la dcha., en la Escuela de Física de Les Houches en 1972 con los físicos Yuval Ne'eman y Bryce DeWitt) recuperó la idea de los agujeros de gusano para explicar cómo se 'comunican' los distintos universos, base del guion de la película Interstellar.

El problema es que estos 'mundos' no son versiones alternativas de tu biografía. Son ramas del universo que se separan a nivel cuántico, constantemente, trillones de veces por segundo, en cada átomo de cada célula de tu cuerpo. No hay un universo donde decidiste estudiar Medicina en vez de Ingeniería. Hay billones de universos donde un electrón en tu cerebro fue por un lado en vez de otro, pero eso no cambia tu vida.

Al otro lado del mundo, en Moscú, Andrei Linde estaba gestando otra idea perturbadora. En los años ochenta, Linde y Alan Guth desarrollaron la teoría de la inflación eterna: según esta hipótesis, nuestro Big Bang no fue el único. El espacio-tiempo está constantemente creando burbujas de universos, cada una con sus propias leyes físicas. Pero estos universos están separados para siempre, son inaccesibles. Y lo más importante: no son copias de la Tierra con pequeñas variaciones. En la mayoría de ellos ni siquiera se formarían átomos. No hay personas ni planetas ni galaxias. Son universos con constantes físicas distintas, punto.

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Ciencia ficción. Borges es el 'culpable' de la versión de los universos paralelos más extendida: la de que en otro espacio-tiempo cada individuo vive otra vida. Pero esa versión no es la de la ciencia; es literatura.

En los noventa, Kip Thorne recuperó una vieja idea de Einstein y Nathan Rosen de 1935: los puentes de Einstein-Rosen, más conocidos como 'agujeros de gusano'. Estos túneles teóricos conectarían dos regiones lejanas del espacio-tiempo. Thorne demostró matemáticamente que, con materia exótica de energía negativa, podrías mantener un agujero de gusano abierto el tiempo suficiente para que algo lo atravesara. Podrías viajar a través de él. Pero, de nuevo, no te llevaría a una versión alternativa de tu vida.

La culpa es de Borges

Entonces, ¿de dónde sale la idea de que los universos paralelos son versiones alternativas de nuestra biografía? De la literatura. Jorge Luis Borges publicó El jardín de senderos que se bifurcan en 1941. En el relato, el personaje Ts’ui Pên imagina un universo que se bifurca constantemente en el tiempo: «En todas las ficciones, cada vez que un hombre se enfrenta con diversas alternativas, opta por una y elimina las otras; en la del casi inextricable Ts’ui Pên, opta –simultáneamente– por todas». Ahí está la semilla: la idea de que cada decisión crea una línea temporal alternativa.

Philip K. Dick llevó el concepto más lejos en El hombre en el castillo (1962), donde imagina un mundo en el que los nazis ganaron la Segunda Guerra Mundial.

La ciencia ficción creó un concepto cultural tan potente que colonizó la física en el imaginario popular. Cuando los físicos empezaron a usar la expresión 'universos paralelos' en los setenta y ochenta, el público ya tenía una imagen mental clara de lo que significaba. Pero esa imagen no tenía nada que ver con lo que los científicos estaban diciendo.

'Rick y Morty' y el jardín trasero

La escena más perturbadora sobre universos paralelos de la cultura popular ocurre en la primera temporada de Rick & Morty, una serie de animación de culto. Rick Sánchez, un científico alcohólico, y Morty, su sobrino, han convertido accidentalmente a toda la humanidad en monstruos. Encuentran un universo paralelo donde la humanidad se salvó, pero donde sus versiones alternativas acaban de morir en una explosión. Así que los Rick y Morty protagonistas entierran a sus dobles muertos en el jardín trasero y ocupan sus vidas. La escena termina con Morty traumatizado, cavando en silencio.

Más triste aún es la biografía de Hugh Everett III, que tenía 27 años cuando defendió su tesis. Era un tipo brillante, bebedor de cerveza y amante del jazz, que había llegado a la física casi por accidente tras estudiar Ingeniería Química. Su director de tesis, John Wheeler, lo animó a trabajar en los problemas conceptuales de la mecánica cuántica. El resultado fue una idea tan radical que el propio Wheeler se asustó: si las ecuaciones de la mecánica cuántica se toman en serio, cada medición divide el universo en múltiples ramas. Todas las posibilidades ocurren en universos separados.

Wheeler intentó suavizar la presentación. Le pidió que eliminara las partes más especulativas y organizó un encuentro con Niels Bohr en Copenhague. Fue un desastre. Everett volvió humillado. La comunidad física, con contadas excepciones, ignoró su trabajo.

Everett abandonó la física en 1956. Su hija, Elizabeth, recordaría años después a un padre ausente, hundido en la bebida. Cuando en los años setenta algunos físicos jóvenes empezaron a tomarse en serio la interpretación de muchos mundos, Everett ya estaba demasiado amargado para entusiasmarse. «Ya es demasiado tarde», respondió cuando alguien se lo comentó en una fiesta. Murió en 1982, a los 51 años, de un infarto. Su hija se suicidaría años después dejando una nota: «Me voy a reunir con papá en un universo paralelo». Ni siquiera ella entendió lo que su padre proponía. O prefería la versión pop.

La pregunta que no queremos hacernos 

Quizá el malentendido persiste precisamente porque nos gusta más la versión de la ciencia ficción que la versión real. La idea de que existe un universo donde tomamos la decisión correcta es recon-fortante. Nos permite fantasear con que nuestros errores noson definitivos, que en algún lugar somos una versión mejorada de nosotros mismos. Es una forma secular de creer en el destino.