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«No veremos tanques por las calles, pero Estados Unidos está dejando de ser una democracia»

Steven Levitsky

Politólogo y profesor de Harvard

«No veremos tanques por las calles, pero Estados Unidos está dejando de ser una democracia»

Foto oficial de Donald Trump como nuevo presidente electo en la que emula el gesto con el que aparecía en el retrato policial de agosto de 2023, tras su detención por presunta asociación delictiva.

Donald Trump está convirtiendo Estados Unidos en un país autocrático, advierte el influyente politólogo Steven Levitsky. El autor del superventas Cómo mueren las democracias nos explica el modo en que el presidente está dinamitando el sistema desde dentro. 

Viernes, 04 de Abril 2025, 10:22h

Tiempo de lectura: 10 min

Steven Levitsky es uno de los politólogos más influyentes. Su nombre saltó a la fama global en el año 2018, cuando publicó junto con su colega Daniel Ziblatt Cómo mueren las democracias, un análisis premonitorio que se convirtió en fenómeno editorial. Profesor de la Universidad de Harvard y especialista en política latinoamericana, Levitsky ha construido su reputación estudiando los sutiles mecanismos que erosionan los sistemas democráticos desde dentro. Ha logrado traducir conceptos políticos complejos a un lenguaje accesible. De hecho, sus investigaciones sobre autoritarismo competitivo y regímenes híbridos han proporcionado herramientas conceptuales para entender cómo, en el siglo XXI, las democracias raramente caen por golpes militares dramáticos, sino que se desmoronan gradualmente mientras mantienen una fachada de legitimidad.

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Steven Levitsky.

XLSemanal. El presidente Donald Trump quiere abolir derechos garantizados por la Constitución, disuelve agencias gubernamentales por decreto y ahora habla de destituir a los jueces que quieran detenerlo. ¿Está en peligro la democracia estadounidense?

Steven Levitsky. Estamos presenciando el colapso de nuestra democracia. Estados Unidos está cayendo en una forma de autoritarismo. Es probable que no sea irreversible, pero Estados Unidos está dejando de ser una democracia.

XL. ¿Dónde se ven señales de todo esto?

S.L. El presidente y el Gobierno sitúan a leales en organismos estatales como el Poder Judicial, los servicios de inteligencia o los organismos reguladores, y los usan para presionar a sus oponentes políticos, desgastarlos y reducir sus posibilidades de ganar las próximas elecciones. Al mismo tiempo intentan someter o silenciar las voces críticas, como las de los medios de comunicación, los científicos u otros actores de la sociedad civil. 

XL. Si compara los primeros actos de Trump en el cargo con los de un autócrata, ¿dónde ve las similitudes?

S.L. Los primeros dos meses de la administración Trump no me recuerdan a Viktor Orbán en Hungría ni al partido PIS polaco ni a Narendra Modi en la India ni a Hugo Chávez en Venezuela. Es peor. Trump y sus aliados son más autoritarios que cualquiera de ellos. Además, celebran el autoritarismo; es evidente en el entusiasmo con el que ignoran las órdenes judiciales y atacan a los jueces.

XL. Pero en Estados Unidos la libertad de expresión sigue garantizada.

S.L. En una democracia funcional, los medios de comunicación, los empresarios, los científicos y los políticos deberían poder hablar abiertamente contra el Gobierno sin temor a represalias. En Estados Unidos, cada vez más personas, desde periodistas hasta profesores universitarios y estudiantes que quieran protestar, tienen que pensárselo muy bien antes de oponerse a Trump porque tendrán que pagar un precio por hacerlo. Además, miembros republicanos del Congreso están bajo una enorme presión por parte de los partidarios de Trump, incluidas amenazas de violencia, para que voten con Trump en cuestiones cruciales que son contrarias a sus creencias. 

«La oposición no será prohibida y habrá nuevas elecciones, pero en ellas republicanos y demócratas ya no tendrán las mismas oportunidades»

XL. ¿Trump y su gente siguen un guion?

S.L. Hay un patrón clásico: primero, un aspirante a autócrata debe obtener el control de las instituciones responsables de las investigaciones y los procesamientos. De hecho, el primer paso de Trump en el cargo fue colocar en estos puestos a sus seguidores: designó a su exabogada Pam Bondi para dirigir el Departamento de Justicia y a Kash Patel para dirigir el FBI…

XL. ... que escribió libros infantiles en los que Trump es retratado como un rey.

S.L. Trump también ha llenado el ejército y las agencias reguladoras claves con leales. Chávez hizo algo similar en Venezuela, luego fue Recep Tayyip Erdogan en Turquía y, sobre todo, Orbán en Hungría. Orbán era un político democrático de centroderecha, pero tras convertirse nuevamente en jefe de Gobierno en 2010 usó el Estado como arma y estableció un sistema autoritario. De él han aprendido Trump y los republicanos a utilizar las instituciones gubernamentales para sus propios fines. Es de locos: el presidente de Estados Unidos y sus seguidores copiando la estrategia del gobernante de la pequeña Hungría. 

Narendra Modi | Hugo Chávez | Recep Tayyip Erdoğan

Así se identifica a los autoritarios

En su libro Cómo mueren las democracias, Levitsky menciona las señales que debemos tener en cuenta para saber si estamos ante un líder potencialmente autoritario. «Esos indicadores los tomamos de Juan Linz (1926-2013), el gran politólogo español que dedicó su vida al estudio del colapso democrático en Europa en los años veinte y treinta y en América Latina en los sesenta y setenta. Ahora... Leer más

XL. ¿Pero puede Trump dominar Estados Unidos como Orbán domina Hungría?

S.L. No lo creo. Es mucho más difícil cambiar la Constitución en Estados Unidos que en Hungría. Se necesita una mayoría de dos tercios en ambas cámaras del Congreso y, después, que tres cuartas partes de los estados ratifiquen la enmienda. La oposición en Hungría también era mucho más débil que la de los demócratas en Estados Unidos. De hecho, existe una posibilidad importante de que Trump pierda el control de la Cámara de Representantes en las elecciones al Congreso de 2026.

XL. ¿La democracia estadounidense no es lo suficientemente fuerte como para resistir a Trump? Hay controles, equilibrios y separación de poderes desde hace más de dos siglos.

S.L. Lamentablemente, los tan cacareados controles de nuestra Constitución están fallando. Nuestros padres fundadores querían evitar un tirano todopoderoso y para ello crearon la separación de poderes, un Parlamento bicameral, un Poder Judicial en gran medida independiente... Lo que no previeron es que un día habría dos partidos altamente polarizados, uno de los cuales es completamente leal al presidente en ejercicio. Nunca antes un presidente estadounidense había tenido tanto control sobre un partido como Trump sobre los republicanos. 

«No contábamos con la figura de Elon Musk. Nunca he visto tal concentración de poder político, económico y mediático en un sistema democrático. Está causando un daño devastador»

XL. ¿Describiría usted lo que está sucediendo en Estados Unidos como un golpe desde arriba?

S.L. Yo lo llamaría un intento de golpe: un abuso de poder a gran escala. Lo llamaría golpe si Trump violara abiertamente la Constitución y se negara a cumplir con las decisiones del Congreso o de la Corte Suprema.

XL. Usted advirtió, incluso antes de que Trump asumiera el cargo, que el país podría caer en el autoritarismo.

S.L. Resultó peor de lo que esperábamos. En primer lugar, el nuevo Gobierno está actuando mucho más rápido y de forma más integral de lo esperado. En segundo lugar, no contábamos con Elon Musk. Su figura es un nuevo elemento en el guion autoritario. Nunca he visto tal concentración de poder político, económico y mediático en un sistema democrático como en Musk. Aun así, nunca fue elegido. Este hombre está causando un daño devastador a nuestro estado con su Departamento de Eficiencia Gubernamental (DOGE). Lo más probable es que esté violando nuestra Constitución y nuestras leyes, pero nadie lo controla.

«Trump ha aprendido de Orbán a usar las instituciones democráticas para sus fines. Es de locos: el presidente de Estados Unidos copiando la estrategia del gobernante de la pequeña Hungría»

XL. El presidente tiene amplios poderes en Estados Unidos y Trump se aprovecha de ello gobernando con decretos. ¿Sería posible una concentración de poder semejante también en una democracia parlamentaria?

S.L. En una democracia parlamentaria es más difícil que personas ajenas al partido tradicional –como Trump– lleguen a la cima de su estructura y tomen su control. Pero si eso ocurre, como el caso de Orbán en Hungría, puede causar un gran daño al sistema parlamentario. En estos momentos estoy preocupado por Gran Bretaña: el Partido Reformista del derechista Nigel Farage lidera las encuestas allí. Si Farage lograra una mayoría parlamentaria, podría hacer más daño que Trump.

XL. Pero en Estados Unidos no hay protestas masivas.

S.L. Siempre estuve convencido de que cualquier intento de abusar del poder en Estados Unidos se toparía con una resistencia considerable. Tenemos una democracia rica y diversa, un sector privado fuerte y próspero y universidades independientes. Pero en las primeras semanas de Trump II estamos asistiendo a un grado inesperadamente alto de autocensura, capitulación o incluso subordinación. Algunos de los empresarios más ricos y poderosos se están inclinando ante él. Los principales medios de comunicación sufren la presión de sus propietarios. Las principales universidades permanecen en silencio ante el devastador ataque que sufren ellas y nuestra ciencia. Si esto continúa, Trump hará más daño del que creía posible.

XL. ¿Por qué?

S.L. Muchos estadounidenses son ingenuos. Dan por sentada la democracia. Con excepción de un puñado de inmigrantes, no sabemos lo que es vivir en una autocracia. Esta es una enorme desventaja que tenemos en comparación, por ejemplo, con Polonia o las sociedades sudamericanas. Además, el resultado de las elecciones tuvo un efecto desmoralizador en los oponentes de Trump; están exhaustos y resignados. Por ejemplo, yo llevo nueve años hablando de Trump y, cuando fue reelegido en noviembre, lo único que quería hacer era ir a casa, comer helado y ver hockey en la televisión. Por suerte, muchas personas se están recuperando del shock y estamos viendo las primeras protestas a nivel nacional, por ejemplo, frente a los concesionarios de Tesla.

XL. ¿Cómo explica el silencio generalizado de los demócratas ante los decretos y deportaciones legalmente cuestionables de Trump?

S.L. Los demócratas todavía están dominados por una generación de viejos políticos del siglo XX. Muchos de ellos parecen desorientados. Confían en que el sistema los protegerá.

XL. ¿Le sorprende?

S.L. Lo comparo con un combate de boxeo de quince asaltos, donde un púgil ataca en el primer asalto lanzando mil golpes. Quizá quede exhausto en el cuarto asalto, pero en el primero conecta tantos derechazos que su rival queda aturdido en la esquina. Esto es lo que les está pasando a los demócratas. Han sido alcanzados por una lluvia de golpes inesperados.

XL. Muchos demócratas están abogando por la estrategia de esperar y ver. Defienden que Trump pronto causará tanto daño a Estados Unidos que los votantes le darán la espalda.

S.L. Es posible que el Partido Demócrata gane elecciones en el futuro si su gente se queda callada ahora y se esconde en un rincón. De hecho, Trump está debilitando nuestra economía con sus políticas comerciales. Pero los intereses del Partido Demócrata no son los mismos que los de nuestra sociedad: Trump está arruinando nuestro país y nuestra democracia.

XL. ¿Aún se puede detener a Trump?

S.L. Sí. Los autócratas son más destructivos cuando gozan de altos niveles de popularidad entre el pueblo: políticos como Putin o Chávez han llegado a tener un 70 u 80 por ciento de apoyo. Por el contrario, un Jair Bolsonaro en Brasil pudo causar mucho menos daño porque carecía de este apoyo. Trump no es un presidente popular. No obtuvo el 50 por ciento de los votos, y sus índices de aprobación están cayendo. Más de la mitad del país lo rechaza. Hoy se está ganando muchos enemigos, ya sea con los despidos en el sector público o con su errática política comercial.

XL. ¿Y luego?

S.L. Puede sonar a cliché, pero es cierto: los ciudadanos deben defender la democracia. No se trata solo de salir a la calle. Debemos empezar a construir una oposición comprometida: junto con organizaciones de derechos civiles, universidades, empresas y políticos del Partido Demócrata.

XL. ¿Hay algo que le dé esperanza?

S.L. El autoritarismo de Trump no es irreversible. Todavía podemos restaurar nuestra democracia. Pero nosotros, los estadounidenses, debemos tomar medidas. 

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