Viernes, 04 de Abril 2025, 09:52h
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Hacía mucho mucho que quería leer esta novela del premio Nobel Ivo Andric, de la que había oído hablar a varias personas que la comparaban con La muerte de Ivan Ilich, de Tolstói, y hasta con El extranjero, de Camus. Y, como tantas cosas, llegó a mi vida por casualidad: la encontré por un euro en un puesto del mercado romano de Porta Portese en una vieja edición de los años sesenta: La señorita de Sarajevo.
Raica acumula dinero no para consumir, sino para ahorrar; no para vivir una vida mejor, sino para convertir su vida en algo cada vez más pobre y miserable
Se publicó originalmente en serbio en 1945 y es una de las tres novelas que componen la Trilogía Bosnia. Los otros dos son Crónica de Bosnia y El puente sobre el Drina. La figura de Ivo Andric (1892-1975) vuelve a estar de actualidad con la reedición de sus textos sobre Goya (fue diplomático en Madrid y durante meses visitaba regularmente el Museo del Prado para ver las obras de Goya) y con la publicación en francés de un breve pero fascinante y atemporal texto: La cour maudite, un libro que pone en entredicho las nociones de culpa e inocencia.
La novela que encontré en Porta Portese se ambienta en las ciudades de Sarajevo y Belgrado durante las tres primeras décadas del siglo XX. Se centra en la trágica vida de una mujer decepcionada de la gente y del mundo en el que vive, y le sirve a Andric para atravesar parte de la historia de los Balcanes y de la Europa de los años treinta de la mano de su personaje central, Raica Radakovic.
Raica es una mujer huérfana, no particularmente agraciada, que no tiene ni una sabiduría ni un coraje sobresalientes, ni grandes ambiciones ni objetivos en la vida. Su única meta es acumular dinero y alejarse de la pobreza, tras la muerte de su padre en la ruina, el cual le lega un poco de dinero haciéndole prometer que no lo dilapidará, cosa que ella convierte en el único fin de su existencia. Raica acumula dinero no para consumir, sino para ahorrar; no para vivir una vida mejor, sino para convertir su vida en algo cada vez más pobre y miserable. Pero, en lugar de darle la seguridad que anhela, la riqueza que acumula se convierte en una carga y, finalmente, la conduce a la muerte. Andric escribe la crónica de la vida de Raica de una manera que parece objetiva, dejando que el lector juzgue el sinsentido de la vida de esta mujer que poco a poco se hunde en una soledad escalofriante.
La espiritualidad, la amistad, el amor o la ternura desaparecen de la vida de Raica, dejando solo espacio a una pasión enfermiza por el dinero, pero este no le trae felicidad ni alegría, sino dificultades, frialdad y problemas. ¿Qué puede traer felicidad a las personas en la vida y paz mental si las cosas materiales no pueden? Andric no reveló la respuesta explícitamente. Tal vez, como hay mil Hamlets para mil lectores, cada persona tenga una respuesta diferente a esta pregunta. Esta novela es probablemente el alegato contra la avaricia más contundente que se escribió en el siglo XX y, ya en el XXI, en un mundo donde se aplaude la especulación, y la codicia desmedida sigue siendo rabiosamente actual.
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