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El bloc del cartero

Abrazo

Lorenzo Silva

Viernes, 02 de Enero 2026, 09:45h

Tiempo de lectura: 9 min

Esta semana viene en esta página escondido un abrazo. Les invito a encontrarlo, a observarlo, a paladearlo, a entenderlo. Son demasiadas las violencias, algunas que no cesan por más que se las combata, otras que se calculan y hasta se alientan para que algunos conserven o ganen su sitio y de paso lo vayamos perdiendo todos. Son tantas y tan insufribles, por contumaces, por obtusas, por insidiosas, que hace falta que alguien, desde la atalaya de una vida larga y pocas mañanas por delante, nos recuerde que no hemos venido aquí a imponernos sobre nada ni sobre nadie, sino a pedirles y darles algún calor a nuestros congéneres. Un músico francés afincado en España, Matthieu Saglio, tiene un escueto tema titulado El abrazo. Búsquenlo, escúchenlo. Nace de un amor, el de sus abuelos. Lo dice todo, sin una palabra.

LAS CARTAS DE LOS LECTORES

Feminicidios

La cifra supera las más nefastas expectativas, llegando a tres feminicidios por semana. ¿Qué pasaría si fueran los del otro género los asesinados? ¿Y si tuvieran, además, más poder que el 'intrínseco' de su sexo? La respuesta es clara: no pasaría. Pero se trata de mujeres, ese 51 por ciento de la población que todo lo soporta. Queridos lectores: nos matan por ser mujeres. No más víctimas. Esto tiene que parar. Ese 49 por ciento de la población no debe mirar a otro lado. Necesitamos que os posicionéis ante los feminicidios, que estéis de nuestro lado, activamente, como lo hacemos las mujeres, casi por cualquier causa. Necesitamos que salgáis a la calle y gritéis con nosotras: «Basta ya». Porque es probable que tengáis una hija, hermana, madre, prima, tía, abuela, nieta, sobrina, cuñada, nuera, amiga, vecina, compañera o conocida que ha sufrido, sufre o sufrirá en algún momento de su vida una agresión o algún tipo de violencia. Por ellas, tus iguales. Las mujeres no son objetos ni posesiones ni están en venta ni alquiler. Son personas. Nunca lo olvidemos. 

Beatriz Martínez Solaz. Valencia


Mayores en el parque 

Este diciembre amaneció con un sol espléndido. Con pereza bajé a un parque cercano. Tengo ya muchos años y me senté cansada en un banco. Pasaba algún perro entre jóvenes y los niños con sus padres o montados en bicicleta como si fueran a descubrir el mundo. Pensé que la vida continuaba palpitando fuera de la casa y había hecho bien en vencer mi pereza. Y me emocioné mucho cuando el balón de un chiquillo chocó contra una de mis piernas y yo –al pedirme perdón– le abracé como si fundiera el mundo conmigo.

Sol Cavero. Madrid


De palabras y serpientes

Ya no podemos ni recordar cuándo se empezó a perder la educación de nuestra clase política. Tampoco la de los tertulianos que pierden la compostura y el civismo. Asistimos a diario a estas representaciones en las que vamos aprendiendo a inmunizarnos. Esta inconsciencia y la fuerza del uso repetido de las palabras ya fueron advertidas por Victor Klemperer en su libro LTI. La lengua del Tercer Reich: una de las estrategias del nazismo para extenderse es usar nuevas palabras, aisladas, que pervierten el verdadero sentido de las originales hasta sustituirlas. Klemperer concluye que para resistir es clave cuestionar el uso constante de palabras de moda. Deberíamos reflexionar sobre este abuso e indiscriminado uso de palabras. Sin ir más lejos, recientemente cierto político le hizo 'la cobra' a otra persona, también del ámbito público. Si vemos la escena sin volumen, representa la negación de un saludo, donde quien niega se ufana en la afrenta mientras el otro la acata con desagrado. No hace falta que la IA nos lo describa con palabras: el gesto es una falta de educación.

María Asunción Álvarez Anadón. Zaragoza


Lo virtual invade todo

Bajo la marquesina de la parada del bus. Llueve. Una joven madre charla animadamente con su amiga al tiempo que atiende a su bebé en sillita recubierta por un plástico protector. El requerimiento del crío consiste en sacar una mano con la que sostiene un teléfono móvil y emitir un grito de llamada de atención, levantando su manita con insistencia. La madre interpreta el mensaje al instante. Le coge el teléfono y programa en una fracción de segundo otra historia, se supone que de dibujos animados. Al tiempo, le cae el chupete al bebé. Pero no el móvil. Aunque ambos objetos vuelven al crío. Llega el bus. La madre sube empujando el carrito con el bebé, que sigue concentrado en su chupete y en su móvil. La pregunta es ¿si las nuevas generaciones ven ficción a tan tempranas edades y casi a todas horas, qué tiempo de aprendizaje les queda para conocer el mundo en el que viven? ¿O ya lo virtual lo invade todo sustituyendo lo que hasta aquí se llamaba realidad?

M. J. Vilasuso. As Pontes (A Coruña)


Patinetes para Correos 

He trabajado cerca de 30 años en Correos y a la clase política le ha importado siempre un pimiento lo que allí ocurría; eso sí, ponían a dedo a personas tan funestas como incompetentes (Alberto Núñez Feijóo, Víctor Calvo-Sotelo, Juan Manuel Serrano, José Damián Santiago, Pedro Saura...). La última idea de bombero ha sido la adquisición de patinetes eléctricos para el personal de reparto y gastarse más de un millón de euros. ¡Lo que faltaba! ¿Es necesario semejante despilfarro? Refresquemos la memoria: tanto el PP como el PSOE se cargaron más de 15.000 puestos de trabajo, con lo que la calidad del servicio (público, no lo olvidemos) se ha resentido de una manera considerable: las bajas por enfermedad apenas se cubren al igual que los días de asuntos propios (los moscosos). Además, eliminaron un montón de secciones de reparto y lo llamaban redimensionamiento (¡qué eufemismo!). El resultado, desolador: recargos y un montón de secciones sin repartir todos los días. Esto suponía y supone una mayor carga de trabajo para el personal y la imposibilidad de poder llevar la correspondencia al día. ¿Serán 'milagrosos' los patinetes eléctricos? ¿Dónde ha quedado el derecho de la ciudadanía a recibir diariamente (¡sí, 5 días a la semana!) la correspondencia? Correos, como prestador del Servicio Postal público, ha vulnerado y sigue vulnerando la ley de una manera vergonzosa. Mientras tanto, las cabezas pensantes propuestas por los citados partidos, escondidas en sus cómodos despachos con ideas descabelladas y hablando de calidad. Cuando llega el verano, la situación se agrava porque apenas se cubren las vacaciones del personal, lo que da lugar a acumulaciones y retrasos a la hora de distribuir la correspondencia, tanto ordinaria como certificada. Otra vulneración más de Correos. ¿Cuántas van? El personal de reparto y de ventanilla dando la cara ante el lógico enfado de la ciudadanía. Una cosa está clara: si Correos sale a flote es por sus trabajadores/as y no por sus incompetentes dirigentes.

José Manuel Mingo Jiménez. Bilbao


Pausa-Café  

«Cae la noche y amanece en París... algunos francos gana Denis». Cuarentaiún años después, como salidos de un agujero de gusano, dos antiguos compañeros de instituto volvían a verse. Ni siquiera una lágrima para el cosmos. No así para ellos. El galope desbocado del espacio-tiempo cincela y tatúa inmisericorde. Testigos del reencuentro, dos cafés cortados. Tenían apenas media hora para contarse cosas. Y de algunas hablaron: los hijos, el trabajo,… los vaivenes de la vida. No hubo en ningún momento desazón; diríase que se habían visto la semana anterior. Los escasos treinta minutos se les hicieron segundos. Se despidieron con un cálido abrazo. Ella, a clases de italiano. Él, a un charla sobre entornos digitales.

F. Javier Santos. Porto do Son (A Coruña)


Olivares  

Nací yo en un pueblo que se llama Olivares. De aceitunas y de olivos mi mente está llena de recuerdos. En el barrio donde nací, Las Casillas, en el portal de cada casa había un olivo viejo. A la sombra de esos olivos las familias hablaban y decidían. Los niños escuchaban y aprendían. ¿La importancia de un olivo en el recuerdo! Grandes latifundios, Barajonilla, Baeza, Los Llanos... eran los dueños de casi todos los olivos. Mi abuela tenía unas docenas de olivos viejos en la parte baja de las Casillas. Nos daba a los nietos una peseta por cada espuerta de aceitunas que recogíamos. En aquellas espuertas, hechas de esparto, cogían unos 5 kilos de aceitunas. Hace de esto seyenta años. Traducido a la moneda actual, hubiéramos tenido que recoger muchos cientos de kilos para ganar un euro. No había molino de aceite en Olivares. Había que llevar las aceitunas al molino de Moclín. Mozalbete yo, con dos cántaras de aluminio en serones encima de un mulo iba a buscar el aceite para venderlo en la tienda de mis padres. En el mostrador con un artilugio se median los medios y los cuartos de litro que se despachaban. No había en mi pueblo más aceites que el de nuestras aceitunas. Muchas estrecheces y miserias. Pero en cada sartén un chorreón de aceite siempre había. Y recoger las aceitunas de los olivos de mi pueblo tiene historias de jornales miserables. De sabañones en los dedos y fríos en los huesos. De ajustes y acuerdos por los kilos recogidos. Algunos latifundios fueron cambiados por pequeños propietarios. Nacieron olivares nuevos. Más productivos con regadíos y productos que protegían las cosechas. Hay un otero entre Tiena y Olivares donde enterramos a nuestros muertos. Desde allí miré yo a los dos pueblos. Y hay muchos olivos en esas miradas mías. Gozos y alegrías. Pero, y eso me apena y me preocupa. ¡No hay nietos que recojan las aceitunas de los abuelos!

Juan de Dios Molina Suárez. Almuñécar


La vida rima 

Aseguraba un famoso actor español ante preguntas sobre su actual situación profesional. Ojalá se diese en el mundo real, como en los cuentos, ese concepto literario llamado justicia poética. El tiempo se va, en un chasquido, para ser reemplazado por otro nuevo y en esa rueda todos giramos ciegos sin dirección y sin detenernos. En nuestra sociedad son numerosos los ejemplos de vidas rimadas envidiables o, al menos, así nos lo parecen. Podemos encontrarlas con su rima consonante: vocales y consonantes se ajustan a la perfección al final del poema. Este discurre limpio, compacto y en formación militar. Como si obedeciesen a un plan divino, los dados caen de cara sin mayor empuje que el azar. Vidas maquilladas en exceso. También están las que riman en asonancia, algo más sencillas: un verso no busca emular a otro, no anhela su belleza, no, prefiere reservarse ciertas diferencias. La existencia de casi todos nosotros, quise decir la rima, tiene mucho de hermosa imperfección: solo se repiten las vocales. Hay otros tipos de vidas sin rima, sin cuadratura alguna. En estos casos, tan abundantes en nuestra literatura como los dos anteriores, a los versos no les gusta seguir la tradición y la medida, sobre todo se interesan por la expresividad y el ritmo. Si observamos con atención, advertiremos un mundo rebosante de versos libres. Rematamos con la rima más atractiva para gran parte de los poetas, la del verso suelto. Qué complicado ser diferente entre esas otras vidas, algunas tan espléndidas como las consonánticas. El torrente lo arrastra con tal fuerza que, aunque se resista, lo lleva por donde fluye el poema, pero el verso suelto finalmente asoma su cabecita orgulloso entre las frías aguas, da la vuelta y reanuda a contracorriente su camino. No se traiciona. Mientras tanto, la vida continúa en su diaria repetición y yo contemplo otra parda tarde otoñal desde mi particular balcón de las musas.

Isabel Pascual Cebrián


LA CARTA DE LA SEMANA

Blanqueo de conciencia

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+ ¿Por qué la he elegido?

Porque la forma que no brota de un fondo es peor que una oquedad, inservible impostura.

Me aburro. El algoritmo ya me bombardea con todo lo que debo hacer en 2026. Y, para colmo, la dictadura estética impuesta por Pantone decreta que el color del año será el Cloud Dancer: nube-blanco roto. Necesitamos que un color de moda y una fecha nos den permiso para 'empezar de cero'. Nos obsesionamos con que el 'nuevo comienzo' tenga una estética limpia e 'instagrameable'. Hemos convertido la mejora personal en un trámite burocrático que solo abre su ventanilla en enero y adoptamos el color 'nube' como si fuese a liberarnos de nuestras preocupaciones. Para mí, los verdaderos nuevos comienzos se pueden inaugurar un martes lluvioso. Esperar a fin de año para decidir cambiar mis hábitos y malas formas es una forma de procrastinación moral. Dejemos de buscar el perdón estético. El cambio no está en las tendencias, sino en la intencionalidad diaria.

María Bretos Lana. Zaragoza

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