El más 'rebelde' del mar ¿Por qué no hay forma de ‘domesticarlo’? La merluza, el pez más salvaje (aunque no lo parezca)

Las merluzas no se adaptan a las piscifactorías. Muchas revientan al ser capturadas en el mar. Y las que sobreviven no comen ni se reproducen bien. En Vigo prueban soluciones.
El 70 por ciento de los bancos de pesca del mundo están ya esquilmados, y el consumo de pescado sigue al alza. Urge la búsqueda de alternativas y la cría en cautividad parece la mejor opción. ¿Problema? Que algunas especies se resisten a la 'domesticación'. El cultivo de dorada, lubina o trucha es relativamente sencillo. Pero otros peces como la merluza no se adaptan bien a la piscicultura.
El primer problema surge durante la captura en el mar para trasladarlas a las piscinas. La merluza europea (Merluccius merluccius) se encuentra en una amplia región que va desde Islandia hasta Mauritania, pasando por el Mediterráneo, y vive en fondos que pueden alcanzar los 300 metros de profundidad. Al alzarla hasta la superficie, la vejiga natatoria –que usa para controlar la flotabilidad– se hincha, ejerciendo presión sobre los órganos circundantes. A menudo mueren por esta causa o se quedan flotando bocarriba. Desde el Instituto Español de Oceanografía de Vigo, donde han trabajado durante años en el cultivo de merluza, proponen una solución: una punción cerca del ano, unida a una suave presión, permite expulsar el exceso de aire.
Las merluzas viven en aguas profundas. Al izarlas, se les hincha la vejiga natatoria y presiona otros órganos. Muchas mueren. En el Instituto Español de Oceanografía de Vigo, han dado con una solución: una punción cerca del ano para expulsar el exceso de aire
Así lograron en sus primeras pruebas la captura de algunos ejemplares vivos, trasladados hasta sus instalaciones, en tanques isotermos rellenos de agua a una temperatura de unos 15 grados. Durante los primeros días de cautividad es cuando más bajas se producen: a los 200 días, la tasa de supervivencia fue del 18 por ciento. No es mucho, pero suficiente para seguir trabajando.

Hay más escollos. ¿Cómo alimentarlos? «Se comenzó a usar una dieta inerte compuesta por sardina y lanzón y, por último, una dieta semihúmeda compuesta por harina de pescado, calamar y mejillón», explica Francisco Javier Sánchez, investigador del centro vigués.
En primavera de 2009 se produjo la primera puesta espontánea en cautividad. Se logró lo más importante: la reproducción. Aunque hubo dificultades. Durante el estado larvario y los primeros días tras la eclosión de los huevos, las crías se nutren gracias a la llamada 'gota lipídica'. Una minúscula bola de grasa que en condiciones normales está adherida a sus incipientes órganos internos. Pero en muchos casos no quedaba bien adherida, lo que hizo que la cría se debilitase.
Las pocas crías que sobreviven se enfrentan al canibalismo
Y si las crías quedan demasiado débiles no son capaces de alimentarse por sí mismas. Entre aquellos que sobreviven surge un nuevo problema: el canibalismo.
Pasados los 25 días tras la eclosión, las crías más grandes a menudo devoran a las pequeñas. Pese a estas dificultades, se ha conseguido una supervivencia de hasta cuatro meses. Insuficiente para plantear un cultivo comercial de merluza, un animal que en libertad puede vivir 20 años. Quedan otras soluciones. El estudio de la genética, por ejemplo, para ver si se puede lograr una correcta adhesión de la gota lipídica. También se investigan especies de zooplancton que mejoren la nutrición en estado larvario o si algunas variedades de la familia se adaptan mejor a la reproducción en cautividad. Se sigue investigando.
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