Nuestra última noche
Otras localidades, 17 de diciembre de 2024
Nuestra última noche
MIGUEL LÓPEZ ABAD PRESIDENTE DE CROEM
Aquí estamos papá, en esta noche fría de diciembre, en la soledad de esta sala de tanatorio, tú y yo, como tantas noches hemos compartido en nuestros viajes o cuando dormíamos de guardia en el desguace. A lo largo de mi vida han sido muchísimas, pero esta noche es especial. Al igual que con la mamá, he podido pasar esta última junto a ti, para repasar nuestra vida juntos.
Necesitaría mucho más que este obituario para recoger tantas vivencias, enseñanzas y experiencias de vida. Han sido muchos años juntos, papá, desde 1987 que decidí unirme a ti y a la mamá, para sacar adelante nuestro proyecto de empresa. Supisteis mantener la familia en aquellos años tan complicados, gracias a la educación y el amor con que nos educabais cada día.
Nunca nos sobró el dinero, al contrario, era algo escaso, pero no era lo más importante, para vosotros lo más importante siempre fue nuestra educación y que, hiciésemos lo que hiciésemos, fuésemos los mejores, sin olvidar los valores que tan bien nos habíais transmitido. Sin pasar por encima de nadie, pero como decía la mamá, «con idea nene». Repasar vuestra vida es como ver una película de aventuras, de amor, algunas veces de acción, y también en ocasiones de sufrimiento, pero de esas películas que no dejan a nadie impasible.
Emigrasteis a Francia en los años 60, con un hijo de un año y sin hablar ni una palabra de francés. Siempre decías, papá, que os volvisteis cuando empezabas a pensar en francés. En los 70, cuando ya estaba yo por aquí, pasamos por Málaga un año, y tres por Mallorca, y aproximadamente sobre 1978 emprendiste la aventura del desguace. Ese proyecto fue el que os ocupó hasta el final de vuestros días, y fue el que me dio la oportunidad de vivirlo junto a ti, y también de la mamá, porque sin ella jamás hubiésemos conseguido todo lo que hoy somos. La familia más afortunada del mundo.
Lo siento por los que estéis leyendo este pequeño repaso de vida, pero así me he sentido y me siento, parte de la mejor familia del mundo. Mis hermanos, mi Dieguito y mi Jorge, cuál de los tres más distintos, pero con un mismo denominador común, el amor, la educación y, por supuesto, los mismos valores. Gracias a vuestros valores cristianos hemos sabido respetarnos siempre, en todas las etapas de nuestra vida, solteros, casados, como padres de familia, siendo tíos... Hemos vivido cada momento con gran orgullo, al igual que vuestras nueras, como hijas que no tuvisteis, y vosotros como padres para ellas. Ocho nietas y un nieto, también es digno de mención. Espero poder tener la relación que habéis mantenido vosotros, ojalá pueda yo disfrutar parte de lo que lo habéis hecho vosotros; sois un orgullo de abuelos.
Disponible a cualquier hora
No puedo dejar de mirarte. Cada vez que levanto la mirada, recuerdo cómo el maldito alzhéimer te ha transformado estos dos últimos años; pero esta noche te veo como siempre, incansable, disponible a cualquier hora, siempre con un buen gesto, ni una mala palabra, siendo ejemplo para todos. Siempre adelantado a tus tiempos, quizás porque te formaste bien y continuamente lo hacías, con la lectura, con la escucha siempre activa. Todo un ejemplo, papá.
Bueno, ya va amaneciendo y nuestra última noche va llegando a su fin. Enseguida seguirán viniendo a mostrar sus condolencias tantos y tantos amigos y familiares. Es momento de recoger y doblar las mantas, como tantas veces hacíamos cada mañana en el desguace, cada uno las suyas, (siendo honestos, tú más veces a mí que yo a ti); porque con la llegada del día ese dormitorio se convertía en despacho. Por todo esto y muchísimas cosas más pasé la última noche con la mamá, y hoy lo hago contigo, para poder volver a ver la película de nuestra vida. Tengo la certeza de ya estáis los dos juntos, y que un día nos volveremos a encontrar en la Gloria de Dios. Recibid todo el amor que estos días os transmiten amigos y familia. Enhorabuena por vuestro proyecto de vida, ha sido todo un éxito. Os queremos.