Mariano José Garre García

FELIPE SAURA MATEO


La noche del pasado viernes 23 de octubre de 2009 el dedo negro de la muerte señaló a Mariano José Garre García, quitándole la vida a los 33 años de edad a causa de un fatídico accidente de moto en una carretera de servicio en mal estado.


Mariano, en una palabra, era alegría, una persona que se alegraba de saludar y hablar con todos sus amigos y conocidos, le gustaba tratar con todo el mundo con una actitud simpática y con una sonrisa contagiosa. El cielo está de enhorabuena, su alegría está ahí ahora.
Mariano fue un ejemplo de superación personal y un orgullo para su familia. Durante un tiempo sacrificó parte de su alegría para ser licenciado en Derecho. Así consiguió ser un joven abogado, colegiado número 4552, que trabajó principalmente en el partido judicial de San Javier, y que luchaba todos los días por tener y mantener un hueco en el duro sector de la abogacía.


No seguiré la costumbre de que nadie es perfecto hasta que muere, porque Mariano no era perfecto, pero es imposible decir nada malo de una muy buena persona, que intentaba portarse bien con todo el mundo y que siempre se preocupó muchísimo por no ofender a nadie.


Mariano era una persona vital, se entregaba en cuerpo y alma a todas las cosas que realizaba y quiso exprimir la vida. Le faltaba tiempo para poder llevar a cabo todas las cosas que quería realizar y todas las que le gustaban. Mariano estaba muy entregado a su familia, una familia que constituye un ejemplo de unidad, tan necesaria en estos duros momentos. También era muy amigo de sus amigos, nos tenía a todos muy presentes y siempre se ofrecía a ayudar en los malos momentos. Recientemente había iniciado una relación con una chica y estaban muy ilusionados, juntos hubieran tenido un bonito futuro. Con el fallecimiento de una persona tan joven quedan muchas cosas a medio.


Mariano y yo nos conocíamos desde la infancia, fuimos amigos íntimos, compañeros de profesión y casi hermanos. Gracias a Mariano yo me dedico a la profesión de abogado, él fue quien me contagió esta sana enfermedad. Pero, por encima de todo, gracias a Mariano tengo los mejores amigos del mundo. Juntos hemos llorado su muerte hasta el final.


Mariano comentó en alguna ocasión que él moriría joven, lo que no sabíamos era la maldita razón que tenía. Mariano, los que te queremos, a pesar del profundo dolor y vacío que nos causa tu falta, te recordamos felices, y damos gracias a Dios por haberte conocido. Mariano fue feliz, entre otros motivos, porque estaba rodeado de amor por todas partes. Ahora se encuentra en dos lugares eternos, arriba en el cielo y abajo en el corazón de todos los que le conocimos.