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Juan José Berenguer

Otras localidades, 27 de febrero de 2025

En memoria de Berenguer Baquedano

MARTÍN QUIÑONERO

El pasado 23 de febrero nos dejó Juan José Berenguer Baquedano, nuestro querido Juanjo. Su partida ha sido un duro golpe para todos los que tuvimos la fortuna de conocerlo, trabajar con él y, sobre todo, disfrutar de su amistad. Porque si algo definía a Juanjo era su capacidad para hacer amigos, para tender la mano sin esperar nada a cambio, para ser esa persona que siempre estaba cuando lo necesitabas.

Su trayectoria profesional comenzó en Oscar Mayer, en Calamocha, donde se dedicó con pasión a su vocación veterinaria. Pero en aquel pueblo no solo encontró su primer trabajo, sino también a Mari, el amor de su vida, su compañera inseparable hasta el último día. Juntos formaron un hogar lleno de cariño, respeto y complicidad.

Tiempo después, el destino los llevó a Murcia, tierra de las raíces de Juanjo, en Librilla. Aquí continuó su camino profesional en la empresa TAS, donde su esfuerzo, su responsabilidad y su capacidad de liderazgo lo llevaron a convertirse en gerente. Sin embargo, si hubo un ámbito en el que realmente encontró su vocación, fue en la seguridad alimentaria, un campo en el que no solo demostró ser un gran profesional, sino también una persona generosa con sus conocimientos y siempre dispuesta a ayudar a sus compañeros.

Juanjo no solo era excelente veterinario; era un hombre bueno, de esos que dejan huella. Nunca una mala palabra, nunca un mal gesto. Ninguno de sus compañeros puede decir que se enfadó con él, pero muchos podemos decir que nos ayudó cuando lo necesitamos. Su generosidad, su honestidad y su calidez humana hicieron que fuera querido y respetado por todos.

Lamentablemente, la vida le puso un obstáculo demasiado pronto. El párkinson llegó cuando aún tenía mucho por dar, apartándolo prematuramente de la profesión que tanto amaba. Pero ni siquiera la enfermedad logró apagar su espíritu. Aunque no pudiera ejercer como antes, nunca dejó de interesarse por su trabajo, por sus compañeros, por todo aquello que había formado parte de su vida. Seguía preguntando, escuchando, compartiendo, porque Juanjo nunca dejó de ser Juanjo. Ahora, la enfermedad no solo lo ha apartado de su profesión, sino también de su Mari, de sus amigos y de todos los que lo queríamos. Nos queda el consuelo de saber que su legado, su bondad y su ejemplo seguirán vivos en nosotros.

Porque personas como él no se van del todo, permanecen en el recuerdo y en el corazón de quienes tuvieron la suerte de cruzarse en su camino. Hoy nos despedimos de Juanjo con profunda tristeza, pero también con agradecimiento por haberlo tenido en nuestras vidas.

Descansa en paz, amigo.