Adiós, profesor
JUAN F. ROBLES
La ciudad se ha quedado sin uno de sus hombres más ilustres. Gregorio nació en Las Cobatillas (Velez-Blanco, Almería) pero su corazón siempre latió al amparo de la Vera Cruz y su mente estuvo al servicio de Caravaca y de su historia. La tierra natal de su padre le acogió desde los seis años y desde entonces su vida se desarrolló junto a la tierra que riegan las aguas de las Fuentes del Marqués. Aquí contrajo matrimonio y aquí nacieron sus hijos.
Tras obtener el título de Maestro de Primera Enseñanza y mientras ejercía la docencia en colegios de la localidad, obtuvo la licenciatura en Filosofía y Letras y se incorporó al Instituto San Juan de la Cruz, del que fue director. Numerosas generaciones de jóvenes caravaqueños han vivido de cerca su pasión por la Historia, y le han querido como profesor y persona. Inquieto, soñador, deportista y amigo entusiasta; atento a cuanto pasaba a su alrededor acabó comprometiéndose en política: encabezó la lista del CDS a la Alcaldía y fue concejal parte de una legislatura.
Gregorio no renunció a la historia de la Ciudad de la Cruz y siguió trabajando, ya desde su puesto de profesor, ya como ilustre historiador para desentrañar su pasado. Toda su actividad profesional giró, hasta su jubilación, en torno a la enseñanza. Durante una etapa fue también profesor de la Universidad Nacional de Educación a Distancia, la UNED.
Hombre culto, pronto decidió compaginar su vida como docente con la investigación. De su pluma salieron más de medio centenar de artículos especializados; autor de innumerables publicaciones dedicó uno de sus libros a las pedanías y su último trabajo «La Desaparición de la Cruz de Caravaca. Bases para la resolución de un enigma» (2012), que dedicó a su nieto Gonzalo, y cuyos beneficios se destinaron a Cáritas, es una prueba más de su inquietud por la Historia y del amor que sintió por esta tierra.
No es fácil hacer análisis racionales cuando la emoción te embarga el corazón, pero el ilustre profesor supo siempre mantener a raya al caravaqueño entusiasta. Sus trabajos sobre la concesión de indulgencias a la Vera Cruz o sus estudios sobre el Santuario le sirvieron para obtener el reconocimiento del mundo cultural e intelectual del municipio y de la Región. Puso en marcha el Instituto Municipal de Cultura de Caravaca, del que fue su primer director y se integró en la Real Academia Alfonso X El Sabio.
No faltó tampoco su condición de festero, asumiendo responsabilidades en el ámbito de su kábila, los Reales Halcones Negros del Desierto, del Bando Moro y del Bando Cristiano, donde militó en su juventud. Especialista en la etapa Santiaguista de Caravaca de la Cruz, participó activamente en conferencias, charlas coloquio y en cuantas exposiciones fue requerido. Desfilando se marchó, sin estridencias, en busca de «una estrella».