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Ginés Belchí 'El Pipa'

Otras localidades, 10 de diciembre de 2024

Un referente del Paso Negro de Alhama

PACO ESPADAS

La Hermandad de Nuestra Señora de los Dolores de Alhama se encuentra inmersa en la celebración del 75 aniversario de la llegada a la localidad de la talla titular del conocido como Paso Negro de la Semana Santa. Cuando esto sucedió, Ginés Belchí, conocido popularmente con el nombre de 'El Pipa', apenas era un adolescente. El pasado martes, Ginés se sentaba en su cama y se marchaba para siempre, a los 85 años. El Pipa aseguraba que le llamaban así porque su padre fumaba en pipa y la gente de su tiempo para referirse a su progenitor le decían aquello de 'el de la pipa'.

Nacido en Barqueros, formó su familia en Alhama. La tienda de ultramarinos que regentaba con Lola, su esposa, era un referente, en especial por los ricos embutidos que cada semana elaboraba tras la tradicional matanza artesana. Cuando arrancaba la década de los años cincuenta, Ginés, junto con otra serie de hombres de la Hermandad de Nuestra Señora de los Dolores, se dedicaron a ensalzar la imagen de la Virgen. A aquel grupo le denominaron 'la quinta del biberón'.

Una de las tradiciones más arraigadas en la Semana Santa de Alhama, declarada de Interés Turístico Regional, sin lugar a dudas es el momento cumbre de la procesión del Encuentro del Domingo de Resurrección. Ginés fue el hombre que se encargó durante toda una vida de que el manto negro de la madre de Jesús se le cayera cuando se encontraba con su hijo resucitado. Tradición que hace unos años transmitió junto con el cargo de camarero de la Virgen a Inmaculada Gutiérrez.

Para dejar un legado a sus nietos, el pasado año publicó un pequeño diccionario que tituló 'Vocablos antiguos para los zagalisquios del siglo XXI'. Ese mismo año la Junta de Cofradías y Hermandades le eligió para pregonar su amada Semana Santa.

Su experiencia y sabiduría le llevaron a ser tertuliano radiofónico. En cierta ocasión, para finalizar la sesión comentó que había fallecido un vecino de la localidad que él conocía. Fue solo un rumor, ya que el presunto fallecido le escuchó por las ondas y se apresuró a esperar a Ginés en la puerta de su casa para decirle: «Aún no me he muerto».

Gran cocinero, era un experto en caldero. Los veranos era obligatorio marchar hasta el Mar Menor, junto a su numerosa familia. En los últimos meses era muy habitual verle por las mañanas pasear a su pequeño perro por el centro urbano. Cuando apenas faltaban días para la Navidad, cuando El Pipa habría celebrado su 86 cumpleaños, se marchaba para siempre. Seguro que la Virgen, a la que tantos años le dedicó, le recibirá con la alegría de los bailes de tronos del Domingo de Resurrección.