Carlos Calleja Xifré

Un marginalista de nuestra época

AMBROSIO SEMPERE

No podía yo imaginar aquella noche del mes de septiembre de 1976 que el viajero al que estaba esperando en la Estación del Carmen iba a dejar tanta huella en mí y en todo el que tuvo la suerte de tratarlo durante el único curso académico que pasó en la Universidad de Murcia como catedrático de Economía Política y Hacienda Pública. Carlos Calleja Xifré (Reus 1935- Barcelona 14/03/2013).

Siempre sintió una mayor atracción por el estudio de los planteamientos marginalistas, especialmente los de Jevons, Menger y Walras, que por la síntesis de Musgrave. Su Teoría de la Utilidad y la lógica de la elección del consumidor bajo el axioma de discontinuidad, así lo demuestra. La ventaja de Carlos con respecto a estos, los marginalistas, es que en aquella época, finales del XIX y principios del XX, todavía no se había publicado la Teoría General de Keynes (1936), lo que sin duda ha proporcionado un mayor sosiego a la hora de intentar aceptar el decrecimiento de la utilidad marginal. Y, si no, que se lo pregunten a Jevons, desaparecido en las frías aguas de un lago del norte de Inglaterra a los pocos días de enunciar su famosa ley.

La disciplina de Economía Política y Hacienda Pública si la abordas en su literalidad, como hizo el de Reus, te permite navegar por esos dos mundos tan distintos como son el de los postulados neoclásicos y el de la Hacienda Pública normativa, empeñada en solucionar todos los problemas de la sociedad. El primero de ellos, le llevó a profundizar en el campo de las matemáticas aplicadas a la economía; y el segundo, a buscar los equilibrios en la actividad financiera del Estado en un marco de descentralización fiscal.

La dificultad del pronóstico

Si tuviera que sintetizar el pensamiento económico del profesor Calleja, utilizaría las últimas palabras que escribió en el prólogo de mi libro Microeconomía Elemental: «… la economía tiene de excitante que no es una ciencia cerrada que permite una predicción absoluta. Es posible decir qué cosas no van a pasar con una cierta probabilidad de acertar. Lo difícil es efectuar un pronóstico de lo que nos espera en el futuro. Esta situación metodológica no invalida, sino todo lo contrario, el análisis económico, ya que mientras que no podemos intentar modificar el curso del sol, sí podemos modificar, o intentarlo, el futuro de las sociedades humanas. La microeconomía ayuda al economista, como la sierra y el martillo al carpintero».