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Un hombre sabio y bueno

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Obituario Daniel Martínez Valenzuela



Hay personas en las que bondad y sabiduría van unidas, como ocurría con Daniel Martínez Valenzuela. Dani, para los que disfrutamos de su amistad, era alguien singular. Su talla, cerca del 1,90, rubricaba una corpulencia acorde con un temperamento firme y sin recovecos. Lo cual no le restaba templanza y brillantez en la ironía, que manejaba con soltura y gracejo. Era también generoso y desprendido. Y le gustaba disfrutar los momentos gratos que le brindaba la vida. Hace unos días, la muerte nos privó de su presencia. Sentiremos su pérdida a medida que el recuerdo lo sitúe en la memoria personal y colectiva.

Dani, que se ha quedado a un paso de cumplir los setenta, era un intelectual, así considerado por su amplio círculo de amigos y conocidos. Poseía una inteligencia clara y una capacidad pedagógica, reconocida por la infinidad de alumnos que recibieron sus enseñanzas en distintas materias, como Matemáticas, Física y Química. Gracias al boca a boca, el prestigio de Daniel aumentaba y le abría paso en la dificultosa tarea de la enseñanza, a la que dedicó su vida.

Nació el 30 de junio de 1950 en el corazón de Murcia, en la mismísima plaza de Santo Domingo, cuyos soportales recordaba con nostalgia. El trabajo de su padre en el sector conservero le llevó a Villanueva de Segura y a Tudela (Navarra). Realizó sus estudios de Bachillerato en el colegio de los Maristas, en el Malecón. Después ingresó en la Universidad de Murcia y se licenció en Químicas, lo que le sirvió para emprender y desarrollar la función docente de forma privada en su mayor parte. También impartió clase, ya como profesor de instituto, en distintas localidades, entre ellas Caravaca.

Dani respondía al 'murciano de dinamita' de Miguel Hernández y pronto mostró sus inquietudes políticas revolucionarias, contrarias al régimen anterior. En la clandestinidad se integró en Bandera Roja, junto con su amigo y camarada Antonio Martínez Muñoz. Este partido, fundado en 1970, por militantes del PSUC, como Jordi Solé Tura y Alfonso Carlos Comín (Cristianos por el Socialismo), cobijó a personalidades políticas después, como Joan Tardá y las exministras Pilar del Castillo, Carmen Alborch y Celia Villalobos.

Dani y Antonio realizaron una intensa actividad reivindicativa en áreas como las asociaciones de vecinos, que a principios de los setenta tenían una gran fuerza social. Concretamente, lo hicieron en la de su barrio, el Polígono de la Paz, donde vivían. El lugar se prestaba a ello por ser una de tantas barriadas deprimidas de Murcia. Al comienzo de la Transición, su labor se trasladó al terreno sindical, promoviendo las Plataformas de Lucha Obrera (PLO) y logrando una notable implantación en sectores como la sanidad.

Le conocí, precisamente, por su relación con los medios de comunicación, cuando yo trabajaba en el diario 'Línea' y era corresponsal de Europa Press. La agencia fue en aquellos años -antes y después de la muerte de Franco- uno de los principales altavoces del movimiento sindical y político. Y en el otrora periódico del Movimiento vivíamos años de apertura. De ahí que contactáramos para difundir cuestiones sociolaborales. Así surgió nuestra amistad.

Pronto me percaté de su cultura enciclopédica, sólidamente cimentada. Música, literatura, arte, cine, teatro, toros. Pocas áreas escapaban a su análisis entusiasta. Por su bagaje, era un duro contrincante a la hora de la discusión, pues acompañaba la crítica con argumentos difíciles de rebatir. Y no tenía hartura para voltear cualquier planteamiento.

Él, también, era un apasionado de los deportes de masas: el fútbol y el baloncesto, a través de los equipos capitalinos (Real Murcia y UCAM). Y, ante todo, un defensor a ultranza de los valores de su tierra. No en vano los aprendió de su madre, Pepita, maestra de piano e investigadora del folclore regional. Por ella llevó con orgullo el segundo apellido materno, Moñino, que lo emparentaba con el conde de Floridablanca, José Moñino y Redondo, secretario del Despacho de Estado, presidente de la Junta Suprema Central e ilustre murciano.

Creo que las personas admirables y queridas, aunque desaparezcan físicamente, siguen presentes entre quienes les conocimos. En estos momentos no debe faltar tampoco un recuerdo cariñoso a su mujer, Fina Sandoval, y a su hermana, Mary Chelo, por sus desvelos con quien ya es parte de nuestro universo vital. Daniel fue un hombre, como escribió Antonio Machado, en el mejor sentido de la palabra, bueno.


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Fecha publicación: 24/9/2019

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