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Un hombre vitalista, generoso y muy amigo de sus amigos

Murcia, 30 de junio de 2020

Obituario Antonio Alemán Picatoste

El sábado, a las 9 de la mañana, me enteraba del fallecimiento, a los 72 años, de Antonio Alemán Picatoste. Conocía a Antonio desde hacía más de treinta años. Nos unió inicialmente la común afición por el golf, que se fue convirtiendo con los años en una estrecha amistad. Nada extraño lo de compartir amistad con Antonio, ya que tenía un gran don para hacerse querer. Tuve la suerte durante varios años de poder disfrutar con él de inolvidables viajes de golf a destinos míticos de Escocia e Irlanda, entre otros, en compañía de su amigo del alma Pepe Jover, presidente de la Federación de Golf de la Región de Murcia, y de su hermano Ricardo Alemán, otro gran amigo, que siempre estuvo muy unido a él.

Antonio fue un arquitecto de gran éxito y prestigio, al que la crisis de 2008 afectó muy duramente, como a una gran parte de los empresarios y profesionales vinculados al sector inmobiliario. Tuvimos la ocasión durante esos años de participar conjuntamente en nuevas iniciativas empresariales y profesionales, en un contexto totalmente adverso, buscando nuevas alternativas, y lo que yo destacaría, por encima del éxito o fracaso de los proyectos, era su actitud.

Antonio, como buen Tauro, podía ser a menudo bastante testarudo y vehemente, pero lo compensaba sobradamente con su positivismo e ilusión de principiante, convenciéndonos siempre del seguro éxito de nuestras iniciativas. Era un hombre que confiaba mucho en las personas, lo que le llevó a tener muchísimos amigos, pero lo que probablemente le ha perjudicado en más de una ocasión en un mundo, el de los negocios, en el que por desgracia te llevas a menudo desengaños personales.

Nunca lo oí quejarse de su suerte, fuera en las cuestiones de salud o de dinero, porque siempre pensaba que iba a remontar. Era un hombre brillante, divertido y ocurrente. En las situaciones más dramáticas, siempre encontraba el chiste o la anécdota adecuada para devolvernos el buen humor. Era un excelente compañero de almuerzos y sobremesas y sabía disfrutar como pocos de los buenos momentos que nos brinda la vida. Seremos muchos los que lo echaremos de menos, empezando por su mujer, Fátima; sus hermanos, sus hijos, yernos, nietos y demás familia, y terminando por todos los que hemos tenido la suerte de compartir momentos únicos e inolvidables en su compañía. Descansa en paz, amigo Antonio.